Supongo que cuando me vuelvas a ver, sea quien seas, estes donde estes, estaré convertida en un princesa de algún perdido reino lejano, con mis cabellos donde corresponden (largos, que cubran mis decencias, jajajajaja) y mis tejidos hechos a lana de una rueca, durante las lluviosas tardes de invierno, sean venerados por hombre y mujeres de terruños lejanos. Supongo que cuando volvamos a cruzar miradas, mis ojos volverán a ser los de las hijas de Hipatia, serenos, dormidos, llenos de no se qué, que tantos nos caracteriza. A lo mejor si bien se cruzan nuestros ojos, te mostraré mis reinos, te mostraré la luna sobreá el lago, y el fondo del agua, donde por las noches cantas las ondinas nanas para dormir. Te mostraré el canto de los sauces y las palabras que pasan bajo ellos… O te diré todo lo que le he dicho a los bellos de mi sangre, aquellos deseables y condenables, con los cuales basta la mirada para volvernos complices y hablar con silencio de complejo mudo, para encantar y cantar al lago que nos une a todos, rubios y morenos, hombres y mujeres, brujas y mortales. Y la luna que corre torrentosa en nuestras venas, como dignos descendientes de las hadas a los cuales no pedimos pertenecer.
He reconocido a mi gente. Mucha es mucho mejor de los que habían confiado. A Miguel lo abrazo le agarro a besos y le cuento mis secretos, al fin y al cabo somo muy iguales, nuestros ojos pueden decir lo mismo. Aunque los míos son la noche y los de él son verdes con no sé que otro color, mi cabello se volvió azul y el de Miguel se confunde con el maíz… En fin pensé que serían raras vacaciones, pero creo que han sido las mejores en años.
Saludos a mis pingüinos
Rowena